Este post ha sido realizado con la colaboración de Miriam Rogado.
El no entender que Twitter se está convirtiendo en la principal fuente de información en tiempo real es ridículo. Pero igual de ridículo, incluso injusto, es querer reducir esta red social de microblogging a una réplica de historias con aspiraciones a escaparate de la madrileña Gran Vía.
La noticia hoy explota en Twitter primero sin piedad alguna por el compañero. En Internet es absurdo seguir pensando en la primicia, simplemente porque lo que uno identifica como tal se expande a tal velocidad que deja de serlo de inmediato. Es tan efímera que ya no representa la ventaja competitiva y, por tanto, diferenciadora, del papel de antaño.
No se me entienda mal. Con ello no quiero decir que Twitter se vaya a convertir en la agencia de noticias del futuro. Es verdad que nada se escapa a sus tentáculos, pero sería un error de base el creer, siquiera, en esa posibilidad. Sencillamente, no es su guerra.
Twitter no tiene una redacción que produce contenido periodístico. Simplemente pone una plataforma –eso sí, masiva, instantánea y tecnológicamente apta- de distribución al servicio de quien la quiera utilizar. La diferencia es evidente. El propio formato que ofrece Twitter impide que en él tenga cabida el análisis, la profundización, el ofrecer enfoques diferentes alrededor de una noticia y la contextualización de la misma.
El problema viene cuando la agencia de noticias libra una batalla equivocada al invitar –bonito eufemismo- a sus periodistas a publicar primero las noticias en el servicio tradicional y no en las redes sociales. En Internet, reitero, es ridículo seguir pensando en la primicia.
La batalla no debería darse en este terreno, sino en la búsqueda de un nuevo modelo de negocio donde es imprescindible un cambio de rol en el periodismo. Ya no tiene sentido ser el primero en contar el estallido de una nueva revuelta en el mundo árabe, sino el serlo en investigar el por qué de esa revuelta, el cómo se podría haber evitado, así como las posibles consecuencias. El enemigo no es Twitter, es el propio periodismo.
Twitter es, en realidad, una llamada de atención –incluso mano amiga- cuyo único propósito es canibalizar el despertar de una somatizada lucha por la calidad del contenido. Es la herramienta que ninguna agencia de noticias ha de temer, sino más bien saber dominar. El medio debe tener una cuenta, y si su tweet con la primicia es el primero, la gente borrega lo retuiteará y será en beneficio de esa agencia, en cuyo tweet estará el link a la nota desarrollada, a la cual entran todos los interesados antes de seguir hablando de un tema que no es desarrollable en 140 caracteres.
El desafío de las agencias de noticias en este escenario desolador es dejar de ser meros transmisores para convertirse en interpretadores de toda aquella información demasiado complicada para el ser humano común. Las agencias, tienen las herramientas y el archivo para que esto sea posible. La cuestión es si quieren.